Un árbol crece en Brooklyn

 UN ÁRBOL CRECE EN BROOKLYN

Betty Smith, cuyo verdadero nombre era Sophina Elisabeth Wehner, nació en 1896 en Brooklyn, hija de inmigrantes alemanes. Al principio se dedicó al teatro, pero tras el éxito de esta novela, se convirtió en una autora famosa y la animó a seguir la carrera de novelista. Solía decir que esta novela era un reflejo de su vida, tal y como le hubiera gustado que hubiera sido, no como realmente fue. "Mañana puede ser un gran día" es su segunda novela, publicada en 1948, pasó a convertirse en otro Best seller rápidamente. 

En esta novela, catalogada como una de las mejores del siglo XX, encontramos un escenario detallado de la cruda realidad que vivían muchas familias pobres de inmigrantes. El libro transcurre entre las décadas de 1912 a 1960 aproximadamente,  y lo hace de la mano de la familia Nolan y su esfuerzo por sobrevivir en la ciudad de Booklyn. A primera vista, las parejas se casan jóvenes, con aspiraciones de poder ganar dinero y formar una familia. Muchos de ellos, con un poco de suerte han aprendido lo básico, otros vienen de países en los que la educación era de pago y no  podían permitirse ese lujo. 

La señora Rommley se esforzó porque sus hijas fueran mejor que ella.  Con que supieran leer y escribir ya era un avance, aunque deseaba darles una mejor vida que la que ella tuvo. Decidió que la educación podría alejar a sus hijas de un padre dictatorial, por lo que se apenó cuando vio que debían salir a trabajar pronto y que se casaban con hombres que no valían nada. Al menos, esperaba otro futuro para sus nietos, así se lo hizo saber a katie cuando esta a su vez tuvo su primera hija. Francie, no le pareció gran cosa a su madre, pero quiso que tuviera todo lo que ella no pudo tener y trabajaba duro mientras su marido, Jhon Nolan, trataba de ganar algunas monedas como cantante cuando la labor de camarero, entre otros oficios, fallaba. Entrega el sueldo a su mujer, pero se gasta las propinas en bebida. 


La pequeña Francie nació debilucha y con un color raro por lo que no era un bebé al que se le cogiera cariño con facilidad. Se convirtió en una niña metódica, ahorradora y una lectora voraz. Su situación le hacía soñar con ser la dueña de un libro, aunque fuera, en algún momento de su futuro. Por el momento aceptaba ser clienta habitual de la biblioteca del barrio. Su meta era un libro al día. Solía acurrucarse junto a la escalera de incendios, a la sombra de un árbol que, contra todo pronóstico crecía en el patio, con poca agua y poca tierra. Ella se asemejaba un poco a ese árbol porque pasara lo que pasase, sabría salir adelante, o eso decía su madre cuando le echaba en cara que la quería menos que a su hermano, Neeley.

Con el paso de los años, la niña se convirtió en jovencita y consiguió un trabajo como lectora de periódicos en Nueva York. Le pagaban bien y su familia dejó de pasar hambre. Puede que no fuera muy alta o robusta, pero tenía una mente brillante y se las ingeniaba para encontrar una puerta. Lo que demuestra, que con esfuerzo, lógica y un poco de fe, se pueden mover montañas. 


MI OPINIÓN

Una novela emotiva, cargada de humanidad y crudeza, con una prosa cuidada y detallista. A pesar del grosor del tomo, se bebe y te hace formar parte de aquella familia que, al inicio y con un poco de suerte, conseguía mantenerse en pie a base de café y pan. Un mensaje que nos hace replantearnos la comodidad que nos rodea hoy y de los beneficios por los que otros lucharon y los vemos nuestros por derecho. Una lucha entre la vida y la muerte y esta primera abriéndose paso contra todo pronóstico. 

La recomiendo si buscas algo que se sale de lo habitual, si estás cansado de novelas que no tienen ni pies ni cabeza o de las típicas historias románticas sin más fondo que una cama y sexo. Esta novela va más allá de los superficial, habla sobre la verdad que muchas familias vivieron y lo duro que puede llegar a ser sobrevivir en esta jungla. Recuerdo algunos momentos de la madre de Francie, Katie, cuando no tenía para alimentar a sus hijos y su marido no podía aportar nada. Ella se remangaba y trabajaba el doble, se quitaba el pan de la boca o inventaba juegos para que los niños se olvidaran del hambre.

Tal vez me hubiera gustado que la novela hubiese seguido unos años más, para descubrir se Francie conseguía tener su biblioteca personal, un marido que valiera la pena y tal vez un par de hijos... aunque quizás esto se deba a la influencia de los cuentos de la niñez. ¿Y tú qué opinas? ¿Lo has leído?  



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